jueves, 12 de marzo de 2015

.- simplemente irresistible .- 42 y 43

Capítulo 42

Tom se sentó en el borde de la cama para calzarse unas deportivas azules y plateadas. La habitación parecía una zona de guerra. Las sábanas estaban revueltas encima del colchón y la colcha y las almohadas estaban tiradas en el suelo. Unos platos sucios con restos de sándwiches de jamón a medio comer estaban apilados en el tocador, y la acuarela, que colgaba de la pared y que Tom había comprado a un artista local, tenía el marco roto.
Terminó de atarse las zapatillas y se puso de pie. La habitación olía a ella, a él, a sexo. Pasó por encima de una pila de toallas húmedas y cogió el walkman del tocador. Se puso los auriculares alrededor del cuello y sujetó el walkman en la cinturilla de los pantalones cortos.
Salvaje. Era la única palabra que le acudía a la mente para describir la noche anterior. Sexo salvaje con una bella y fogosa mujer. La vida no podía ser mejor.
Sólo había un problema. _____ no era cualquier bella y fogosa mujer. No
era alguien con quien hubiera tenido una cita. No era un ligue. Y ciertamente no era una de esas mujeres que querían acostarse con él porque era jugador de hockey. Era la madre de su hija. Las cosas estaban comenzando a complicarse.
Salió al pasillo. Se detuvo delante del otro dormitorio y miró por la puerta
entreabierta. _____ tenía los ojos cerrados bajo la luz del amanecer que se filtraba a través de las cortinas y su respiración era lenta y suave. Se había puesto un camisón blanco abotonado hasta el cuello que parecía sacado de La casa de la pradera. Aunque aproximadamente cuatro horas antes estaba con el trasero al aire, totalmente desnuda, en el jacuzzi del baño principal haciendo su mejor imitación de una reina del rodeo. Después de un poco de práctica lo había hecho muy bien. A él le gustaba especialmente la forma en que balanceaba la pelvis contra la de él mientras susurraba su nombre con esa erótica voz sureña suya.
Un movimiento detrás de _____ llamó su atención y levantó la mirada a
Lexie. Observó cómo se ponía de lado y se tapaba un poco con la sábana. Dio un paso atrás y se encaminó a las escaleras.
La noche anterior le había mostrado de nuevo otra parte de su pasado, le había mostrado a una niña confundida y herida, y le había agregado otra dimensión a la forma en que la veía de adulta. No creía que ella hubiera tenido intención de cambiar nada, ni siquiera su opinión de ella. Pero lo había hecho.

Tom entró en la cocina y abrió la nevera. Cogió un batido de yogurt rico en carbohidratos y proteínas. Cerrando la puerta con el pie quitó el tapón de la bebida energética y puso en marcha el contestador automático. Subió el volumen, apoyó una cadera en la encimera y comenzó a tomar la bebida revitalizante. El primer mensaje era de Ernie, y mientras escuchaba las quejas de siempre de su abuelo acerca de tener que dejar un mensaje, pensó en _____. Pensó en su voz cuando le había hablado casualmente sobre su madre. Había bromeado sobre cuando su abuela había tratado de casarla con un carnicero del Piggly Wiggly y sobre que pensaba que era tonta por esperar el amor de su padre. Lo había dicho como si le diera vergüenza, como si esperara demasiado.
El contestador automático emitió un pip y la voz de su agente, Doug Hennessey, llenó la cocina para informar a Tom de la reunión que había tenido con Bauer. Tenía que reunirse con la gente que le había hecho los patines a medida para enterarse de por qué las botas habían comenzado a molestarle la última temporada. Tom siempre había usado las de Bauer. Siempre lo haría. Aunque no era tan supersticioso como algunos hombres que conocía, lo era lo suficiente como para querer arreglar el problema en vez de cambiar de fabricante.
Se tomó el resto del batido de yogurt, aplastó el bote con la mano y lo lanzó al cubo de la basura. El contestador automático no emitió ningún mensaje más y Tom salió de la cocina. La niebla cubría la terraza y la playa. Los escasos rayos matutinos que traspasaban la niebla proyectaban su luz a través de las ventanas de la sala de estar.

La noche anterior la había observado en esas ventanas. Había mirado cómo iba
cayendo la ropa de su bello cuerpo y había gozado con la pasión que le suavizaba la boca y le enturbiaba los ojos. Había observado cómo sus propias manos se deslizaban sobre esa piel suave para tomar los tersos senos. Se había observado frotarse contra su cuerpo desnudo de arriba abajo, y casi había explotado allí mismo, en los calzoncillos B.V.D.
En silencio Tom salió a la terraza. Trotaba tan ligeramente como le era posible al bajar las escaleras a la playa. No quería despertar a _____. Después de la noche anterior suponía que necesitaría dormir.
Y él necesitaba pensar. Necesitaba pensar sobre lo sucedido y sobre lo que iba a
hacer a partir de ese momento. No podría evitar a _____, ni siquiera aunque quisiera. Ella le gustaba. La respetaba por todo lo que había logrado en la vida, en especial ahora, que la entendía un poco mejor. Y también comprendía mejor por qué siete años antes no le había dicho nada sobre Lexie. Aún seguía molesto porque no se lo hubiera dicho, pero ya no estaba enfadado.
Pero no estar enfadado y estar enamorado eran cosas distintas. «Me gusta».
Esperaba que no quisiera más de él porque no se creía capaz de dar más de sí mismo. Había estado casado dos veces y nunca había amado a una mujer.
Las personas confundían sexo con amor. Tom nunca lo hacía. Eran dos cosas totalmente diferentes. Amaba a su abuelo. Amaba a su madre. Era amor lo que sentía por su primer hijo, Toby, y ahora por Lexie, un amor que rezumaba desde lo más profundo de su ser. Pero nunca había estado enamorado de una mujer con el tipo de amor que volvía loco a un hombre. Esperaba que _____ pudiera mantener separados amor y sexo. Creía que podría, pero si no era así tratar con ella iba a ser muy difícil.

Debería haber tenido las manos quietas, pero en lo que a _____ se refería a él le costaba hacer lo correcto. Desearla le había complicado la vida, pero el sexo habría sido inevitable de todas maneras. Podía prometerse que mantendría las manos quietas desde ese momento, pero sabía por experiencia que lo más probable era que no lo hiciera. Con _____ eso nunca había sido posible. Poseía un cuerpo de infarto y el sexo con ella era el mejor que había tenido nunca.
Los pies de Tom golpearon la arena mojada al detenerse, luego se cogió el pie izquierdo por detrás. Agarró el tobillo y estiró el cuádriceps.
Su relación ya era difícil sin añadir más complicaciones. Era la madre de su hija y debería de inspirarle pensamientos puros. No debía pensar en besar esa boca suave mientras se deslizaba profundamente en su interior. Tenía que controlarse. Era un deportista disciplinado. Podía hacerlo.
Y si flaqueaba...
Tom bajó el pie y estiró la otra pierna. No flaquearía. Ni siquiera pensaría en ello. No iba a ir a su casa dos veces por semana para disfrutar de su cuerpo totalmente desnudo.

--*--


_____ se cubrió la boca ante un enorme bostezo mientras vertía la leche sobre un tazón de Froot Loops. Se puso un mechón detrás de la oreja y atravesando la cocina colocó los cereales sobre la mesa.
—¿Dónde está Tom? —preguntó Lexie mientras cogía la cuchara.
—No lo sé. —_____ se sentó en una silla frente a su hija y se anudó la bata. Puso los codos sobre la mesa y apoyó la barbilla en las manos. Estaba muy cansada y tenía doloridos los músculos de los muslos. No le habían dolido tanto desde unas clases de aeróbic a las que había asistido tres días a la semana el año pasado.
—Seguro que está corriendo otra vez. —Lexie cogió una cucharada de Froot
Loops y se la metió en la boca. Se había hecho una trenza para dormir la noche anterior y, ahora que se le había soltado, tenía el pelo rizado alrededor de la cabeza como una auténtica afro. Una O verde cayó sobre su pijama de la princesa Jasmine y la volvió a echar en su tazón.
—Es probable —contestó _____, preguntándose por qué Tom necesitaba hacer ejercicio después de la noche anterior. Habían hecho el amor en varias posiciones diferentes con un apoteósico final en el jacuzzi. Ella le había enjabonado por todas partes y había besado todos esos sitios según lo iba enjuagando. Él la había retribuido lamiendo todas las gotas de agua de su piel. En conjunto, diría que ambos habían tenido un entrenamiento realmente exhaustivo. Cerró los ojos y pensó en los fuertes brazos y el esculpido pecho de Tom. Se imaginó a sí misma frotándose contra su trasero musculoso al tiempo que le acariciaba el duro abdomen y sintió un vuelco en el estómago.
—Tal vez vuelva pronto —dijo Lexie, masticando ruidosamente sus cereales. _____ abrió los ojos. La imagen de Tom en cueros se evaporó siendo sustituida por la de su hija comiendo con la boca completamente llena de Oes de colores.
—Por favor, mastica con la boca cerrada —le recordó a Lexie automáticamente. Mientras miraba la cara de su hija, se sintió como una desvergonzada. Tener esos tórridos pensamientos delante de una niña inocente era indecente y estaba segura que en alguna parte del mundo se consideraba ilegal imaginar a un hombre desnudo antes de haber tomado el primer café.

_____ fue a la cocina y cogió de la alacena una bolsa de Starbucks y un filtro de papel. Tom la había hecho sentirse viva de una manera que hacía mucho tiempo que no se sentía. La había mirado con ojos hambrientos, la había hecho sentirse deseada. Había acariciado su piel como si estuviera hecha de delicada seda, la había hecho sentirse hermosa. El sexo con Tom había sido maravilloso. Entre sus brazos se había convertido en una mujer segura de su propia sexualidad. Por primera vez desde la pubertad se encontraba a gusto con su cuerpo y jamás se había sentido segura con un amante hasta ese momento.
Pero no importaba lo maravilloso que hubiera sido, el sexo con Tom había sido un error. Lo supo desde que la había besado en la puerta del dormitorio de invitados deseándole buenas noches. Había sentido un vuelco en el corazón. Tom no la amaba y se había sorprendido de cuánto la había herido saberlo.
Sabía desde el principio que él no la amaba. Nunca se lo había dicho, ni le había insinuado que sintiera algo por ella que no fuera lujuria. No lo culpaba. El dolor que sentía ahora era culpa de ella, y era ella quien tenía que ponerle remedio.

_____ llenó la cafetera de agua, puso el filtro y oprimió el botón. Apoyó la
cadera contra la encimera y cruzó los brazos. Había pensado que podría amarlo con el cuerpo, pero no con el corazón. Sin embargo, esa ilusión se había evaporado con la luz de la mañana. Siempre había amado a Tom. Pero aunque lo admitiera ante sí misma, no sabía qué hacer. ¿Cómo iba a poder verlo de forma regular y fingir que no sentía nada más que amistad? No sabía cómo hacerlo. Sólo sabía que tenía que hacerlo.
Sonó el teléfono, sobresaltando a _____. El contestador automático emitió
un pip dos veces e hizo clic al conectarse.
—Hola, Tom —dijo una voz masculina desde la máquina—. Soy Kirk Schwartz. Siento no haberme puesto en contacto contigo antes. He estado de vacaciones las dos últimas semanas. De todos modos, tal y como me pediste, tengo una copia de la partida de nacimiento de tu hija delante de mí. Su madre la inscribió con padre desconocido.
_____ sintió que se congelaba por dentro. Miró fijamente al aparato.
—Si la madre todavía está dispuesta a cooperar, no llevará mucho tiempo cambiarlo. Hablaremos de tus derechos legales hasta la vista de la custodia cuando vuelvas a la ciudad. Como comentamos la última vez, creo que lo mejor por el momento es mantener contenta a la madre hasta que decidamos qué hacer legalmente. Ah..., y creo que el hecho de que no supieras nada de tu hija hasta hace poco y que le hagas un ingreso sustancial además de colaborar en su manutención te deja en una situación muy buena. Probablemente te den los mismos derechos que si estuvieras divorciado de la madre. Lo discutiremos en profundidad cuando vuelvas a la ciudad. Ya hablaremos, nos vemos —acabó el mensaje y _____ parpadeó.

Miró a Lexie y la observó aspirar un Froot Loop de la cuchara.
El temblor comenzó en el pecho de _____ y se extendió por todo su cuerpo. Levantó una mano temblorosa y se presionó los labios con los dedos. Tom había contratado los servicios de un abogado. Le había dicho que no lo haría, pero estaba claro que había mentido. Quería a Lexie, y _____ le había dado lo que él quería sin preocuparse de nada. Había dejado a un lado sus dudas y había consentido en que Tom estuviera algún tiempo con su hija con total libertad. Había hecho caso omiso a sus miedos porque quería lo mejor para su hija.
—Apresúrate y termínate los cereales —le dijo, apartándose de la encimera.
Tenía que escapar, alejarse de esa casa y de él.

A los diez minutos _____ se había cambiado de ropa, se había cepillado los dientes y el pelo, y había metido todo dentro de las maletas. «Mantener contenta a la madre...». _____ se sintió enferma al pensar en lo «contenta» que la había tenido la noche anterior. Acostarse con ella era ir mucho más allá de lo que dictaba el deber.
Cinco minutos más tarde había cargado el coche.
—Vamos, Lexie —gritó, volviéndose hacia a la casa. Quería estar bien lejos cuando regresara Tom. No quería enfrentarse a él. No confiaba en sí misma. Ella había sido amable. Había tratado de ser justa, pero no lo haría más. La cólera la inflamaba como un soplete a un chorro de gas. La dejó arder y bullir por sus venas. Prefería sentir furia que la humillación y el dolor que le destrozaban el alma.
Lexie salió de la cocina vestida todavía con el pijama púrpura.
—¿Nos vamos a algún sitio?
—A casa.
—¿Por qué?
—Porque es hora de irnos.
—¿Tom también viene?
—No.
—No quiero irme aún.
_____ abrió la puerta principal.
—Me da lo mismo.
Lexie frunció el ceño y salió de la casa.
—Aún no es sábado. —Hizo pucheros mientras bajaba de la acera—. Dijiste que nos quedaríamos hasta el sábado.
—Hay cambio de planes. Nos vamos antes a casa. —La subió al asiento del pasajero encima del elevador de seguridad y le abrochó el cinturón, luego le puso una camisa, unos pantalones cortos y un cepillo de pelo en el regazo—. Cuando estemos en la carretera te puedes cambiar de ropa —explicó mientras se colocaba detrás del volante. Arrancó el motor y metió la marcha atrás.
—Me olvidé una Skipper en la bañera.



_____ pisó el freno y se volvió para mirar a su hosca hija. Sabía que si no entraba de nuevo y cogía la Skipper, Lexie se preocuparía y enfadaría y hablaría de eso todo el camino hasta Seattle.
—¿Cuál?
—La que me regaló Mae por mi cumpleaños.
—¿En qué bañera?
—En la del baño que hay al lado de la cocina.
_____ abrió bruscamente la puerta del coche y salió.
—El motor está encendido, así que no toques nada.
Lexie encogió los hombros sin comprometerse.
_____ corrió por primera vez desde la infancia. Volvió corriendo a la casa y entró en el cuarto de baño. La Skipper estaba sentada en la bandeja del jabón pegada a la pared de azulejo, la cogió por las piernas. Se dio la vuelta y casi chocó con Tom. Estaba en la puerta con las manos apoyadas en el marco de madera.
—¿Qué pasa _____?
A _____ le dio un vuelco el corazón. Odió a Tom. Y se odió a sí misma. Por segunda vez en su vida había dejado que la utilizara. Por segunda vez, le había causado tal dolor que apenas podía respirar.
—Quítate de en medio, Tom.
—¿Dónde está Lexie?
—En el coche. Nos vamos.- Él entornó los ojos.
—¿Por qué?
—Por ti. —Ella le colocó las manos en el pecho y lo apartó de un empujón.
Él se movió, pero ella no había llegado demasiado lejos antes de que él la agarrase por el brazo y le impidiera llegar a la puerta principal.
—¿Actúas así con todos los hombres con los que te acuestas o esa suerte sólo la tengo yo?

_____ se volvió hacia él y le pegó con su única arma. Lo golpeó en el hombro con la mojada muñeca. La cabeza de la muñeca se desprendió y voló hasta la sala de estar. _____ hervía de furia y sentía que perdería la cabeza igual que la pobre Skipper.
Tom levantó la vista de la muñeca sin cabeza a su cara. Tenía las cejas arqueadas.
—Pero ¿qué te pasa?
La innata gracia sureña, las lecciones de modales de la señorita Virdie y todos los años de buena educación de su abuela se hicieron trizas dentro del infierno de su cólera.
—¡Aparta tu asquerosa mano de mí, cerdo hijo de puta!
Tom apretó su presa y sus ojos taladraron los de ella.
—Anoche no pensabas que fuera asqueroso. Puedo ser un hijo de puta, pero no por lo que hicimos juntos. Anoche tú estabas caliente y yo duro y lo solucionamos. Puede que no haya sido la elección más sabia, pero fue la que tomamos. Ahora asúmelo como una adulta, por el amor de Dios.

_____ se soltó bruscamente de su agarre y dio un paso atrás. Deseó ser grande y fuerte para poder pegarle con fuerza. Deseó ser de pensamiento rápido para poder soltarle las palabras más hirientes, de esas que podrían cortar un corazón en rodajas. Pero no era físicamente fuerte, ni de lengua rápida bajo presión.
—Te aseguraste que estuviera muy contenta anoche, ¿verdad?
Él parpadeó.
—Supongo que «contenta» es una palabra tan buena como cualquier otra. Aunque prefiero «saciada», no te discutiré si quieres utilizar «contenta». Tú estabas contenta. Yo estaba contento. Los dos estábamos jodidamente contentos.
Ella lo señaló con la Skipper sin cabeza.
—Eres un bastardo. Me utilizaste.
—Genial. ¿Y cuándo fue eso? ¿Fue mientras me metías la lengua en la boca o cuando me metiste las manos en los pantalones? Tal y como yo lo veo, nos utilizamos mutuamente.
_____ lo fulminó con la mirada a través de la neblina roja que la envolvía. No hablaban de lo mismo, él todavía no había atado cabos.
—Me mentiste.
—¿Sobre qué?
En lugar de darle la oportunidad de mentir otra vez, _____ fue a la cocina y rebobinó su contestador automático. Luego le dio al botón de play y observó la cara de Tom mientras la voz de su abogado llenaba la silenciosa estancia. Sus rasgos no mostraron emoción alguna.
—Estás haciendo una montaña de un grano de arena —dijo tan pronto como la cinta terminó—. No es lo que piensas.
—¿No era ése tu abogado?
—Sí.
—Entonces cualquier otro contacto entre nosotros se hará a través de los abogados. —Ella estaba mortalmente tranquila cuando le dijo—: Mientras tanto, apártate de Lexie.
—Ni lo pienses. —Él se cernió sobre ella. Un hombre grande y poderoso usando la fuerza para intentar hacer valer su voluntad.
_____ no se intimidó.
—No hay lugar para ti en nuestras vidas.
—Soy el padre de Lexie, no un gilipollas imaginario llamado Tony. Le has mentido sobre mí toda su vida. Es hora de que sepa la verdad. No importa qué problemas tengamos nosotros, eso no cambia el hecho de que Lexie es mi hija.
—No te necesita.
—Y una mierda.
—No te dejaré acercarte a ella.
—No podrás detenerme.
Sabía que era probable que estuviera en lo cierto. Pero también sabía que haría cualquier cosa para asegurarse de no perder a su hija.
—Mantente alejado —le advirtió una última vez, luego se volvió para salir con pasos vacilantes.

Lexie estaba en la puerta de la cocina. Todavía llevaba puesto el pijama y aún tenía el pelo alborotado alrededor de la cabeza. Clavaba la mirada en Tom como si jamás lo hubiera visto. _____ no sabía cuánto tiempo llevaba allí, pero temía lo que podía haber oído. Cogió a Lexie de la mano y la sacó a rastras de la casa.
—No hagas esto, _____ —gritó Tom—. Podemos resolverlo. —Pero ella no se volvió. Le había dado ya demasiado. Le había dado su corazón, su alma y su confianza. Pero no le daría lo más importante de su vida. Podía vivir sin su corazón, pero no podía vivir sin Lexie.

~~*~~


Mae recogió el periódico del porche de _____, luego entró en la casa. Lexie estaba sentada en el sofá con una magdalena de frambuesa en la mano mientras en la televisión sonaba el tema musical de La tribu de los Brady. Las magdalenas de frambuesa eran las favoritas de Lexie y un claro intento por parte de _____ de curar las heridas con azúcar. Pero después de lo que su amiga le había contado por teléfono la noche anterior Mae no estaba segura de que un dulce fuera suficiente.
—¿Dónde está tu mamá? —preguntó Mae, lanzando el periódico a una silla.
—Fuera —contestó Lexie sin apartar los ojos de la pantalla.
Mae decidió dejar sola a Lexie un rato y entró en la cocina para hacerse una taza de café exprés. Luego salió y encontró a _____ de pie al lado del porche de ladrillo podando las rosas Albertine y lanzando las flores muertas a una carretilla. Durante los últimos tres años Mae había observado cómo _____ mimaba las rosas para que cubrieran la pérgola que enmarcaba la puerta trasera. Una profusión de dedaleras rosas y de delfinios color lavanda se extendía desde los pies de _____ hasta la valla del jardín. El rocío matutino se pegaba a los pétalos delicados y mojaba el ruedo de la bata de _____. Bajo la seda naranja llevaba una camiseta arrugada y unos pantalones blancos de algodón. Tenía el pelo recogido en una despeinada coleta y el esmalte color malva de las uñas de su mano derecha estaba picado como si _____ se lo hubiera mordisqueado. La situación con Lexie era peor de lo que Mae había pensado.
—¿Dormiste algo anoche? —le preguntó Mae desde el último escalón del porche.
_____ negó con la cabeza y cogió otra rosa mustia.
—Lexie no habla conmigo. No me habló ayer en el coche mientras veníamos a casa y no me habla hoy. No se durmió hasta alrededor de las dos de la madrugada.—Lanzó otra rosa a la carretilla—. ¿Qué está haciendo?
—Está viendo La tribu de los Brady —contestó Mae, moviéndose por el porche de ladrillo. Dejó el café en una mesa de hierro forjado y se sentó en la silla a juego—. Cuando me llamaste anoche, no me dijiste que estuviera tan enfadada como para no poder dormir. Ella no suele comportarse así.
_____ dejó caer las manos y miró a Mae por encima del hombro.

—Ya te he dicho que no me habla. Ya sé que ella no se comporta así. —Caminó hacia Mae y dejó las tijeras de podar encima de la mesa—. No sé qué hacer. He tratado de hablar con ella, pero me ignora. Al principio pensé que estaba enfadada porque se lo estaba pasando genial en la playa y la obligué a irse de allí. Ahora sé que eso era simplemente lo que yo quería pensar. Nos ha debido oír discutir a Tom y a mí. —_____ se dejó caer en la silla al lado de Mae como si estuviera hundida en la miseria—. Sabe que le mentí sobre su padre.
—¿Qué vas a hacer ahora?
—Tengo que contratar un abogado. —Bostezó y apoyó la barbilla en las manos—. No sé de dónde voy a sacar el dinero para pagarlo.
—Puede que Tom no pida la custodia. Puede que si hablaras con él, él...
—No quiero hablar con él —interrumpió _____, pareciendo de repente llena de energía. Se enderezó en la silla y entornó los ojos—. Es un mentiroso y un tramposo y no tiene principios de ningún tipo. Se aprovechó de mi debilidad. No debería haber estado tantos años sin mantener relaciones sexuales. Debería haberte escuchado. Tenías razón. Está claro que exploté y me convertí en una ninfómana. No creo que el sexo sea el tipo de cosa que se deba contener hasta explotar.
Mae sintió que se quedaba con la boca abierta.
—¡Explotaste!
—Oh, por completo. Estallé en pedacitos.
—¿Con el jugador de hockey?- _____ asintió con la cabeza.
—¿Otra vez?
—Crees que debería haber aprendido la primera vez.
Mae no supo qué decir. _____ era una de las mujeres más reprimidas que conocía en lo que al sexo se refería.
—¿Cómo ocurrió?
—No lo sé. Nos llevábamos bien y simplemente pasó.
Mae no se consideraba una promiscua. Sólo que no sabía decir «no» todas las veces que debería. En cambio, _____ siempre decía que no.
—Me engañó. Fue tan maravilloso y bueno con Lexie que lo olvidé. Bueno, en realidad no me olvidé de lo falso que puede llegar a ser, sólo me permití a mí misma olvidarlo.
Mae no creía en el perdón y el olvido. A ella le gustaba el Dios colérico del
Antiguo Testamento, los castigos divinos del tipo «ojo por ojo». Pero se daba cuenta de que un hombre guapo como Tom podía hacer que una mujer pasara por alto algunas cosas, como ser abandonada en un aeropuerto después de una tórrida noche de pasión, sobre todo si a la mujer la atraían cien kilos de puro músculo, lo que, claro está, no era el caso de Mae.
—Ni siquiera tenía que llegar tan lejos. Le di todo lo que me pidió. Cada vez que quería ver a Lexie, yo accedí. —La cólera resurgió junto con las lágrimas de _____—. No tenía que acostarse conmigo. No soy un caso de beneficencia.
Lo cierto era que Mae no creía que ningún hombre considerara a _____ un caso de beneficencia ni siquiera en su peor día, despeinada y desarreglada.
—¿Crees que en realidad hizo el amor contigo porque sintió lástima de ti? - _____ se encogió de hombros.
—No creo que en realidad fuera un sacrificio para él, pero sé que quería mantenerme contenta hasta reunirse con su abogado y poder decidir qué hacer para obtener la custodia de Lexie. —Se cubrió las mejillas con las manos—. Es tan humillante.
—¿Qué puedo hacer para ayudar? —Mae se inclinó hacia delante y colocó la mano sobre el hombro de _____. Se enfrentaría al mundo por las personas que amaba. Había ocasiones en su vida en que se había sentido como si sólo hubiera hecho eso. No era eso lo que pasaba ahora, pero cuando Ray estaba vivo, ella había luchado todas sus batallas, especialmente en la escuela secundaria cuando tipos grandes y fornidos habían pensado que era divertido pegarle con toallas mojadas. Ray había acabado odiando el deporte y Mae a los deportistas.
—¿Qué quieres que haga? ¿Quieres que hable con Lexie?- Preguntó Mae, _____ negó con la cabeza.
—Creo que Lexie necesita tiempo para ordenar sus pensamientos.
—¿Quieres que hable con Tom? Podría decirle cómo te sientes y tal vez...
—No. —Se limpió las mejillas con el dorso de las manos—. No quiero que sepa que me ha hecho daño otra vez.
—Podría contratar a alguien para romperle las dos rodillas.
_____ hizo una pausa antes de decir:
—No. No nos llega el dinero para contratar un matón profesional y es demasiado difícil encontrar ayuda de esa clase sin dinero. Mira lo que le sucedió a Tonya Harding. Pero gracias por la idea.
—Bueno... ¿para qué estamos los amigos?
—Ya superé una cosa así con Tom. Por supuesto, entonces Lexie no existía, pero lo superaré otra vez. Aunque aún no sepa cómo. —_____ sujetó la bata con firmeza y frunció el ceño—. Y además está Charles. ¿Qué le voy a decir?
Mae cogió su café.
—Nada —contestó y después tomó un sorbo.
—¿Crees que debería mentirle?
—No. Simplemente no se lo digas.
—¿Qué le digo si me pregunta?- Puso el café sobre la mesa.
—Eso depende de cuanto te guste.
—Pues Charles me gusta bastante. Sé que no lo parece, pero así es.
—Entonces miente.
_____ hundió los hombros y dijo suspirando:
—Me siento tan culpable. No puedo creer que me metiera en la cama con Tom. Ni siquiera pensé en Charles. Tal vez soy una de esas mujeres sobre las que leo en el Cosmopolitan que echan a perder las relaciones porque en lo más profundo de su ser se creen que no son dignas. Tal vez estoy destinada a amar a hombres que no pueden corresponderme.
—O tal vez deberías dejar de leer el Cosmopolitan.-_____ negó con la cabeza.
—Menudo lío he montado. ¿Qué voy a hacer?
—Lo superarás. Eres una de las mujeres más fuertes que conozco. —Mae palmeó el hombro de _____. Tenía mucha fe en la fuerza y determinación de su amiga. Sabía que _____ no siempre parecía una mujer valiente, pero siempre buscaba la mejor manera de alcanzar sus objetivos—. Oye, ¿te dije que Hugh, el portero, me llamó mientras estabas en Oregón?
—¿El amigo de Tom? ¿Para qué?
—Quería salir conmigo.
_____ clavó una mirada incrédula en Mae durante unos momentos.
—Pensaba que le habías dejado claros tus sentimientos el día que te lo encontraste delante del hospital.
—Lo hice, pero volvió a llamarme.
—¿En serio? Querrá que le golpees con un stick.
—Sí, hablamos de eso.
—Bueno, espero que lo hayas noqueado con delicadeza.
—Lo hice.
—¿Qué le dijiste?
—Diablos, que no.
Normalmente _____ y Mae habrían discutido por el rudo rechazo de Mae. Pero esta vez _____ encogió los hombros y le dijo:
—Bueno, supongo que no tendrás que preocuparte de que te vuelva a llamar.
—Volvió a hacerlo, pero creo que lo hizo sólo para molestarme. Me llamó para preguntarme si todavía domaba pitbulls.
—¿Qué le dijiste?
—Nada. Le colgué el teléfono, y sólo me ha llamado una vez más desde entonces.
—Bueno, estoy segura de que lo mejor será mantenernos alejadas de todos los jugadores de hockey. Es lo más conveniente para las dos.
—Eso no supone ningún problema para mí. —Mae pensó en contarle a _____ algo sobre su último novio, pero al final decidió no hacerlo. Estaba casado y _____ tendía a moralizar sobre cosas como ésas. Pero Mae no sentía escrúpulos de acostarse con el marido de otra mujer siempre que no tuviera hijos. No quería casarse. No quería mirar la cara del mismo tío todas las noches a la hora de la cena. No quería ser su criada ni parir sus bebés. Sólo quería sexo y los hombres casados eran perfectos. Ella marcaba las pautas y controlaba cuándo, dónde y cada cuánto tiempo.
Nunca le había dicho a _____ que salía con hombres casados. Porque, aunque aparentemente _____ sentía una absoluta debilidad carnal por Tom Kaulitz, a veces podía ser muy puritana.
Capítulo 43

Tras horas de duro entrenamiento, entrenadores y jugadores ocupaban la pista ensayando tiros a gol. Después de estar tres días concentrados, los Chinooks estaban preparados para un poco de diversión. Dos miembros del equipo de porteros estaban en cuclillas en extremos opuestos de la pista de patinaje, ojo avizor, en espera de que alguien lanzara el disco hacia la portería.
Los sórdidos y crudos comentarios y el constante «zas-zas-zas» de los patines invadían los oídos de Tom mientras zigzagueaba por el hielo. Las mangas de su camiseta de entrenamiento ondeaban mientras serpenteaba entre la marabunta humana. Mantenía la cabeza alta mientras deslizaba el disco de caucho junto a la hoja del stick. Sintió cómo un defensa novato de tercera línea le echaba el aliento en el cogote y para evitar quedar atrapado contra la barrera le lanzó un disparo bajo a Hugh Miner.
—Trágate esa, granjero —le dijo mientras cargaba su peso en las cuchillas de los patines para pararse bruscamente delante de la portería. Una fina rociada de hielo alcanzó las rodilleras de Hugh.
—Eres mi ruina, viejo —se quejó Hugh, devolviéndole el disco de caucho. Luego miró al otro extremo de la pista, se encorvó otra vez y golpeó su stick contra los postes de la portería, recobrando su compostura sin apartar los ojos del resto de jugadores.
Tom se rió y patinó de regreso al centro de la acción. Al terminar el entrenamiento estaba molido por el esfuerzo, pero feliz de haber regresado a la lucha. Más tarde en el vestuario, le entregó sus patines a uno de los utilleros para que estuvieran afilados al día siguiente y se dio una ducha.
—Oye, Kaulitz—lo llamó un ayudante de entrenador desde la puerta del vestuario—. El señor Duffy quiere verte cuando estés vestido. Está con el entrenador Nystrom.
—Gracias, Kenny. —Tom se ató los zapatos, se pasó por la cabeza una camiseta verde con el logotipo de los Chinooks y se la remetió dentro de los pantalones azules de nailon. Sus compañeros de equipo deambulaban por el vestuario con distintos grados de desnudez hablando de hockey, contratos y las nuevas reglas de la NHL como todos los principios de temporada.
No era extraño que Virgil Duffy le pidiera a Tom que se reuniera con él, especialmente, cuando el director general del equipo estaba tanteando el terreno para fichar un nuevo talento. Tom era el capitán de los Chinooks. Era un veterano y nadie conocía el hockey mejor que los hombres que lo llevaban jugando desde que eran niños. Virgil respetaba la opinión de Tom y Tom respetaba la capacidad de Virgil para los negocios, aunque a veces no estaban de acuerdo. En esos momentos discutían por un buen defensa de segunda línea. Los buenos defensas no eran baratos y Virgil no siempre estaba dispuesto a pagar millones por un determinado jugador.
Mientras se acercaba a los despachos de dirección Tom se preguntó cómo reaccionaría Virgil cuando se enterara de la existencia de Lexie. No creía que el viejo se sintiera demasiado contento, pero ya no temía ser traspasado. Aunque tampoco descartaba la posibilidad por completo. Virgil podía ser tan imprevisible como un volcán. Cuanto más tardara Virgil en descubrir lo que había sucedido siete años antes, mejor. Tom no mantenía a Lexie en secreto a propósito, pero tampoco creía que tuviera que restregársela a Virgil por las narices.

Pensó en Lexie y frunció el ceño. Desde aquella mañana en Cannon Beach, hacía
ya mes y medio, _____ había mantenido a Lexie apartada de él. Ella había contratado a un abogado atildado y cabrón que había insistido en hacerle una prueba de paternidad. Luego, había retrasado el examen durante semanas, pero el día en que la prueba pedida por el tribunal debía ser realizada, ella había cambiado radicalmente de actitud y había firmado un documento legal admitiendo que él era el padre. Con la rúbrica de _____, Tom fue declarado legalmente padre de Lexie. Habían elegido un asistente social de oficio para entrevistarse con Tom e inspeccionar su casa flotante. El mismo asistente había hablado con _____ y Lexie, y había recomendado varias visitas cortas de presentación entre el padre y la niña antes de permitir a Tom tener a Lexie durante períodos de tiempo más largos. Al final del período de presentación, Tom recibiría la misma custodia compartida que los padres que se habían divorciado y todo eso sin ni siquiera haberse presentado delante de un juez. Una vez que _____ había reconocido legalmente a Tom como padre de Lexie, todo había comenzado a moverse con suma rapidez. Tom endureció el ceño. Por ahora _____ seguía teniendo la sartén por el mango y aunque a él no le gustara lo más mínimo, era obvio que ella disfrutaba con la experiencia. Pues bien, que lo hiciera mientras pudiera, porque al final lo que _____ quisiera no iba a tener importancia. Ella no quería que le pagara la manutención de la niña, ni siquiera la parte que le correspondía, ni el seguro médico. A través de su abogado él le había ofrecido mucho dinero y también el seguro completo. Quería mantener a su hija y estaba dispuesto a pagar lo que necesitara, pero _____ lo había rechazado todo. Según su abogado, ella no quería nada de él. Pero no le iba a quedar otra opción. Los abogados estaban ya poniendo los puntos sobre las íes. _____ tendría que aceptar lo que le ofrecía.
No la había visto, ni había hablado con ella desde aquella mañana en la casa de la playa cuando se había puesto histérica por nada. Lo había arruinado todo saliéndose de madre para llamarlo mentiroso cuando, realmente, él no le había mentido. De acuerdo, quizá la primera noche cuando había ido a su casa flotante le había mentido por omisión. Habían quedado en no meter por medio a los abogados, pero dos horas antes de que ella hubiera aparecido en su puerta él ya había contratado a Kirk Schwartz. Ya tenía una idea básica de sus derechos antes de que hubiera hablado con ella esa noche. Tal vez debería habérselo dicho, pero había creído que se pondría como una pantera y que trataría de apartarlo de Lexie. Y había estado en lo cierto. A pesar de todo, no cambiaría lo que había hecho. Tenía que informarse. Tenía que conocer sus derechos legales en el caso de que _____ se mudara, se casara o le impidiera ver a Lexie. Había querido saber quién figuraba como padre en la partida de nacimiento de Lexie. Había querido saberlo todo. El futuro con Lexie era demasiado importante como para ignorar sus derechos legales.

La imagen de Lexie en la cocina de su casa de Cannon Beach aún permanecía viva en su mente. Recordaba la confusión de su cara y la mirada desconcertada de sus ojos cuando lo había mirado por encima del hombro mientras _____ la arrastraba por la acera. Él no había querido que lo supiera de ese modo. Había querido pasar antes más tiempo con ella. Y había querido que se alegrara tanto como él por la noticia. No sabía lo que pensaba ahora, pero lo haría en poco tiempo. En dos días sería la primera visita legal.
Tom entró en las oficinas de dirección y cerró la puerta tras él. Virgil Duffy estaba sentado en un sofá tapizado en Naugahyde y llevaba puesto un traje de lino de la Quinta Avenida y un bronceado caribeño.
—Mira eso —dijo Virgil, señalando la pantalla de un televisor portátil—. Ese chico está hecho de cemento.
Sentando detrás del escritorio, Larry Nystrom no parecía tan entusiasmado como él.
—Pero no sabe tirar con puntería.
—A cualquier jugador se le puede enseñar a afinar la puntería. Pero lo que no puedes es enseñarle coraje, y éste ya lo tiene. —Virgil miró Tom y señaló con el dedo hacia la pantalla—. ¿Qué opinas tú?
Tom estaba sentado en el otro extremo del sofá y miró la televisión justo a tiempo de ver a un novato de los Florida Panther acorralar a Philly Flyer Eric Lindros contra la barrera. El sesenta y cuatro, Lindros, se tomó su tiempo antes de ponerse en pie para patinar lentamente al banquillo.
—Te puedo decir por experiencia personal que golpea muy duro. Y también tira muy fuerte, pero no estoy seguro de que tenga potencial. ¿Cuánto vale?
—Quinientos mil.
Tom se encogió de hombros.
—Vale menos de quinientos y necesitamos a alguien como Grimson o Domi.
 Virgil negó con la cabeza.
—Cuestan demasiado.
—¿En quién más estáis pensando?
Virgil le dio al botón de avance rápido y los tres hombres revisaron juntos otros partidos. El segundo entrenador del equipo se sentó enfrente de Nystrom con un montón de papeles. Mientras el vídeo seguía pasando, revisaron cada página.
—Tu índice de grasa corporal es menor del doce por ciento, Kaulitz. —El entrenador hizo el comentario sin levantar la vista.
Tom no estaba sorprendido. No podía permitirse el lujo de dejar que el peso lo hiciera más lento todavía y se había esforzado mucho para mantenerse en forma.
—¿Y Corbet? —preguntó por un compañero de equipo. En el entrenamiento le había dado la impresión de que el lateral derecho de los Chinooks se había pasado el verano comiendo barbacoas y tirado a la bartola.
—¡Dios Santo! —juró Nystrom—. ¡Su índice es del veinte por ciento!
—¿De quién? —preguntó Virgil, dándole al botón de stop. El vídeo detuvo la cinta y en la pantalla apareció un anuncio de una emisora local.
—Ese maldito Corbet —contestó el entrenador.
—Voy a tener que ponerle un soplete debajo de ese culo de grasa —amenazó el entrenador—. Tendré que suspenderlo o enviarle a Jenny Craig.
—Contrata un dietista —sugirió Tom.
—Sométele a uno de los regímenes de Caroline —le dijo Virgil—. Cuando hace uno de sus regímenes se pone de muy mala leche. —Caroline era la esposa de Virgil desde hacía cuatro años y sólo era diez años más joven que su marido. Por lo que Tom podía decir, era una mujer agradable y parecían felices juntos—. Dale un tazón de arroz blanco y un filete de pollo a la plancha antes de cada partido, luego siéntate y disfruta viendo cómo patea culos.
El anuncio terminó y una voz que Tom no había oído en casi dos meses sonó en
la televisión.
—Habéis vuelto a tiempo —dijo _____ desde la pantalla de doce pulgadas—. Estoy a punto de añadir un poquito de pecado y no querrás perdértelo.
—Qué diablos... —masculló Tom y se inclinó hacia delante.
_____ abrió una botella de Grand Marnier y escanció un poco en una taza.
—Ahora, si tenéis niños, tendréis que reservar un poco del mousse antes de añadir el licor, o pecado líquido como llamaba mi abuela a todas las bebidas alcohólicas. —Sus ojos verdes miraron a la cámara mientras sonreía—. Si no podéis tomar alcohol por motivos religiosos, sois menores de edad o si simplemente preferís tomar vuestro pecado en un vaso, podéis prescindir del Grand Marnier y añadir en su lugar cascara de naranja rallada.

Él clavó los ojos en ella como un estúpido roedor fascinado, recordando la noche en que él le había servido una gran dosis de pecado. Luego, a la mañana siguiente, ella le había aporreado con una estúpida muñequita y lo había acusado de utilizarla. Era una lunática. Una loca vengativa. Llevaba puesta una blusa blanca con un gran cuello bordado y un delantal azul
marino atado alrededor del cuello. Tenía el pelo retirado de la cara y unos pendientes de perlas en las orejas. Alguien se había esforzado mucho en someter su evidente sexualidad, pero no importaba. Estaba allí de todos modos. En esos ojos seductores y en esa boca voluptuosa. Y seguro que no era el único que lo veía. Estaba ridícula, como una de Los vigilantes de la playa jugando a las cocinitas. La observó remover el mousse con la cuchara en una cazuela de porcelana y charlar sin cesar al mismo tiempo. Cuando terminó, levantó la mano, abrió los labios y se lamió el chocolate de los nudillos. Él se mofó porque sabía —sencillamente lo sabía— que estaba haciendo esa mierda por la audiencia. Era una madre, por el amor de Dios. Las madres que educaban niñas no deberían comportarse como gatitas sexis en televisión.
El televisor se quedó en blanco de repente y Tom se dio cuenta de que Virgil estaba presente por primera vez desde que la cara de _____ apareció en la pantalla. Parecía atontado y un poco pálido bajo el bronceado. Pero, aparte de la impresión, su cara no mostraba nada. Ni cólera, ni furia. Ni amor, ni siquiera traición por la mujer que le había plantado ante el altar. Virgil se levantó, lanzó el mando al sofá y salió por la puerta sin decir nada.
Tom lo vio marcharse, luego centró la atención en los otros hombres. Estaban
todavía hablando del índice de grasa. No habían visto a _____, pero aunque lo hubieran hecho, Tom no creía que supieran quién era. De lo que significaba para él. O lo que significaba para Virgil.

~~*~~

_____ se sentía desfallecida. Había grabado seis programas y le parecía que no había mejorado de uno a otro. Se decía a sí misma que tenía que relajarse y divertirse. No se emitían en directo así que si se ponía muy nerviosa, podía detenerse y volver a empezar. Pero a pesar de eso, los nervios le revolvían el estómago mientras miraba la cámara para confesar:
—No sé si lo sabréis, pero soy de Dallas, la tierra de los sombreros grandes. He
estudiado arte culinario de todas las partes del mundo, pero gané mis espuelas de cocinera preparando platos mexicanos. Cuando a la mayoría de la gente le hablan de cocina mexicana, piensa en tacos rellenos. Bueno, yo voy a enseñaros hoy algo diferente.
Durante más de una hora _____ troceó mangos, chiles y tomates. Cuando terminó, mostró un plato, simple pero elegante, que ya había preparado en el horno con referencias texanas.
—La semana que viene —dijo, deteniéndose al lado de un florero de margaritas amarillas—, vamos a abandonar temporalmente la cocina y os enseñaré cómo personalizar los marcos de fotos. Es muy fácil y divertido. Espero veros a todos.
La luz de encima de la cámara parpadeó y _____ soltó un suspiro. Grabar el programa no había sido tan malo. Sólo se le había caído el lomo una vez y se había confundido tres veces al leer. No como en el primer programa. El primer programa había requerido siete horas de grabación. Lo habían emitido días atrás y estaba tan segura de que su mousse de chocolate había sido un fracaso de audiencia que ni siquiera se quiso ver. Charles la había visto, por supuesto, y le había asegurado que no se la veía ni gorda ni estúpida. Pero no confiaba en que no le estuviera mintiendo.
Lexie pasó por encima de varios cables que había en el suelo y caminó hacia _____.
—Voy al baño —anunció.
_____ se llevó las manos a la espalda y se soltó el delantal. Llevaba puesto un micrófono portátil.
—Espera un segundo y te acompaño.
—Puedo ir sola.
—Ya la llevo yo —dijo una joven ayudante de producción. _____ sonrió con gratitud.
Lexie frunció el ceño y cogió la mano de la ayudante.
—Ya no tengo cinco años —se quejó.

_____ observó marchar a su hija y se quitó el delantal por la cabeza. Una de las condiciones que había puesto para hacer el programa era poder llevar a Lexie a los rodajes. Charles había estado de acuerdo y había nombrado a Lexie asesora creativa. Lexie sugería algunas ideas y, cuando iba al estudio, ayudaba a _____ a preparar los platos que se hacían de antemano para mostrarlos al final.
—Hoy has estado genial —la saludó Charles, emergiendo desde el fondo del estudio. Él esperó hasta que le quitaron el micrófono para rodearle los hombros con un brazo—. La respuesta de los espectadores al primer programa ha sido muy buena.
_____ soltó un suspiro de alivio y lo miró. Ella no quería que mantuviera el programa en antena por su relación personal.
—¿Estás seguro de que no lo dices sólo para ser amable conmigo?

Charles besó suavemente la sien de _____.
—Estoy seguro —y ella sintió su sonrisa cuando dijo—: Si la audiencia desciende, prometo que te despediré.
—Gracias.
—De nada. —La besó en la coronilla y luego la soltó—. ¿Por qué no venís Lexie y tú a cenar con Amber y conmigo?
_____ cogió el bolso de encima del mostrador de la cocina que era parte del estudio de grabación.
—No puedo. Tom viene a recoger a Lexie esta noche para su primera visita.
Charles juntó las cejas.
—¿Quieres que te acompañe? _____ negó con la cabeza.
—Estaré bien —dijo, pero no se lo creía. Temía sufrir una crisis nerviosa después de que Lexie se fuera y quería estar sola si así ocurría. Charles era un buen amigo, pero no la podía ayudar en ese tipo de situaciones.
Tres días después de regresar de Cannon Beach había informado a Charles sobre el viaje. De todo excepto de la parte del sexo. No le había gustado oír que había pasado todo ese tiempo con Tom, pero tampoco le había hecho demasiadas preguntas. Sin embargo, le había dado el nombre del abogado de su ex mujer y le había vuelto a ofrecer el programa de televisión. Ella necesitaba el dinero y había aceptado con la condición de que los programas fueran grabados en vez de en directo y de que Lexie pudiera acompañarla.
Una semana más tarde firmó el contrato.
—¿Qué le parece a Lexie la idea de pasar más tiempo con su padre? -_____ se colgó el bolso de un hombro.
—Lo cierto es que no lo sé. Sé que está un poco confundida de que su apellido sea ahora Kaulitz. Le cuesta trabajo deletrearlo, pero aparte de eso no dice nada más.
—¿No habla de él?
Durante varias semanas después de saber que Tom era su padre, Lexie se había mostrado fría y distante con _____. _____ había tratado de explicarle por qué le había mentido y Lexie había escuchado en silencio. Luego había volcado toda su cólera en ella con palabras hirientes que les hicieron daño a las dos. Sus vidas nunca serían lo mismo. Pero por lo demás, volvía a ser la misma niña que era antes de conocer a Tom. Si bien había momentos en que estaba inusualmente callada, _____ no tenía que preguntarle qué pensaba, ya lo sabía.
—Le dije que Tom vendría a recogerla para estar con ella esta noche. Lo único que me preguntó fue cuándo la traería de regreso.
Lexie regresó de los aseos y los tres se encaminaron fuera del estudio hacia la entrada delantera del edificio.
—Adivina qué, Charles.
—¿Qué?
—Estoy en primero. El nombre de mi profesora es señora Berger. Le gustan las hamburguesas sin jamón. Me gusta porque es agradable y porque tenemo un jerbo en nuestra clase. Es de color café con leche y tene unas orejitas diminutas. Todo el mundo le llama Stimpy. Yo quería que se llamara Pongo, pero no lo conseguí. — Mantuvo una continua y agradable charla todo el camino hasta el parking. Pero durante el trayecto en coche hasta casa estuvo muy callada. _____ trató de hablar con ella, pero era obvio que estaba en otro mundo.

Desde lejos, _____ vio el Range Rover de Tom aparcado delante de su casa. Estaba sentado en el porche delantero con los pies separados y los antebrazos apoyados en los muslos. _____ aparcó el coche en el camino de entrada y miró al asiento del acompañante. Lexie tenía los ojos clavados en la puerta del garaje y se mordía el labio inferior con los dientes. Sus pequeñas manos agarraban con fuerza la carpeta que Charles le había dado para que pudiera escribir ideas para los programas siguientes. En el papel había dibujado diversos perros y gatos, y había escrito la palabra «mascotas».
—¿Estás nerviosa? —le preguntó a su hija, sintiendo ella misma los nervios en
el estómago.
Lexie se encogió de hombros.
—Si no quieres ir, no creo que te obligue —le dijo _____, esperando que fuera verdad.
Lexie guardó silencio un rato antes de preguntar:
—¿Crees que le gusto?
A _____ se le puso un nudo en la garganta. Lexie, que estaba siempre tan segura de sí misma, segura de que todo el mundo la quería, no estaba segura de su padre.
—Por supuesto que le gustas. Le gustaste desde la primera vez que te vio.
—Ah —fue todo lo que dijo.


3 O MAS Y AGREGO MAÑANA ADIOS :)) Y FELICIDADES XYORALDYN 

9 comentarios:

  1. Ayyy!!! Noooo potque tenia q. Psar esto dios , yo quiero q esten juntos como una familia feliz u.u pobresita de lexie :(( sube el proximo, me encanta bye cuidateeeeeee

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  2. Ay Dios Tom se pasooo!!
    Pobre Lexieee
    Siguelaaa Virgii esta buenisimaa :)

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  3. Por favor subeee.. amo la adaptación..

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  4. Yo también quiero que estén juntos como una familia estable y feliz, Tom se paso vale :( ojala trate de recuperar a (Tn) me encanto virgi espero los próximos caps y muchas gracias :)

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  5. Please subeeeeeee , me tienes intrigadaaa ya quiero saber q pasara u.u , subeeeee byee

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