martes, 17 de marzo de 2015

.- simplemente irresistible .- 46 y 47

HOLA!!! BUENO YA SABEN 3 O MAS Y AGREGO MAÑANA ... ADIOS Y QUE ESTEN BIEN :))

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Capitulo 46
—¿Cómo quieres el café? ¿Solo o con leche? —le preguntó _____ a Mae mientras llenaba el filtro metálico con café exprés.
—Con leche —respondió Mae sin dejar de mirar a Pongo que estaba tumbado mordisqueando una galleta para perros—. ¡Demonios!, qué perro más patético. Hasta mi gato es más grande que ese chucho. Bootsie se lo comería de un bocado.
—Lexie —gritó _____—. Mae está insultando a Pongo otra vez.
Lexie se dirigió hacia la cocina, haciendo aspavientos con las manos ocultas por las mangas del chubasquero.
—No insultes a mi perro. —Frunciendo el ceño cogió la mochila de la mesa—. Es muy sensible. —Se arrodilló y acercó su cara a la del perro—. Ahora teno que irme al colé, te veré más tarde. —La mascota dejó de comerse la galleta el tiempo suficiente para darle un lametazo a Lexie en la boca
—Oye, ya hemos hablado de que no puedes hacer eso —la regañó _____ mientras cogía un cartón de leche desnatada de la nevera—. Los perros tienen hábitos poco saludables.
Lexie se encogió de hombros y se levantó.
—No me importa. Le quiero.
—Ya, pero a mí sí que me importa. Ahora será mejor que te apresures a recoger a Amy o perderéis el autobús.
Lexie frunció los labios para darle un beso de despedida. _____ meneó la cabeza y acompañó a Lexie a la puerta principal.
—Yo no beso a las niñas que se dedican a besar perros que se lamen el culo. — Desde la entrada observó cómo Lexie cruzaba la calle y después regresó a la cocina—Está loca por ese perro —le comentó a Mae mientras echaba un vistazo a la cafetera—. Lo tiene desde hace cinco días y ya está totalmente integrado en nuestras vidas. Deberías ver la camisetita vaquera que le hizo.
—Tengo que decirte algo —farfulló Mae con rapidez.
_____ miró a su amiga por encima del hombro. Sospechaba que a Mae le pasaba algo. Por lo general no iba tan temprano a su casa para tomar café y hacía días que la encontraba algo distante.
—¿Qué pasa?
—Le quiero.
_____ sonrió mientras llenaba la cafetera con una jarra.
—Yo también te quiero.
—No. —Mae meneó la cabeza—. No, me refiero a Hugh. Le quiero a él, quiero a Hugh, el portero.
—¿A quién? —Las manos de _____ se detuvieron en el aire y arrugó el ceño—. ¿Al amigo de Tom?
—Sí.
_____ colocó la jarra de cristal en la cafetera, pero se olvidó de encenderla.
—Creía que lo odiabas.
—Lo hacía. Pero ya no lo hago.
—¿Qué ha pasado?
Mae parecía tan confusa como _____.
—¡No lo sé! Me llevó a casa desde un pub el viernes pasado por la noche y ya no se fue.
—¿Ha estado viviendo contigo los últimos seis días? —_____ se dirigió a la mesa de la cocina. Tenía que sentarse.
—Bueno, en realidad, más bien durante las últimas seis noches.
—¿Estás tomándome el pelo?
—No, pero entiendo lo que debes estar pensando. No sé cómo ocurrió. Estaba diciéndole que no podía entrar en mi casa, y antes de saber qué sucedía estábamos desnudos y peleándonos por quién tenía que estar encima. Ganó y me enamoré de él.
_____ estaba anonadada por la impresión.
—¿Estás segura?
—Sí. Él estaba arriba.
—¡No quería decir eso! —Si _____ tuviera que cambiar algo en Mae, sería la tendencia que tenía su amiga en dar detalles que ella no quería conocer—. ¿Estás segura de que estás enamorada de él?
Mae asintió con la cabeza y, por primera vez en siete años de amistad, _____ vio que las lágrimas asomaban a los ojos castaños de su amiga. Mae era siempre tan fuerte que a _____ le rompía el corazón verla llorar.
—Oh, cariño —suspiró y se acercó para arrodillarse junto a la silla de Mae—. Lo
siento mucho. —La rodeó con sus brazos tratando de reconfortarla—. Los hombres son imbéciles perdidos.
—Lo sé —sollozó Mae—. Todo era maravilloso y va y tiene que hacer eso.
—¿Qué es lo que hizo?
Mae se echó hacia atrás y miró la cara de _____.
—Me pidió que me casara con él. -_____ se cayó de culo, estupefacta.
—Le dije que era demasiado pronto, pero no me ha querido escuchar. Me dijo que me amaba y que sabía que yo le amaba a él. —Cogió un extremo del mantel de lino de _____ y se lo pasó por los ojos—. Ya le dije que casarse ahora no era la mejor opción, pero no me ha querido escuchar.
—Por supuesto que no te puedes casar con él ahora. —_____ se agarró a la mesa para ponerse de pie—. La semana pasada ni siquiera te caía bien. ¿Cómo espera que tomes una decisión tan importante en tan poco tiempo? Seis días no son suficientes para saber si quieres pasar el resto de tu vida con él.
—Lo supe después del tercer día.
_____ buscó otra vez la silla. Se sentía mareada y tuvo que volver a sentarse.
—¿Estás jugando conmigo? ¿Quieres casarte con él o no?
—Oh, sí.
—Pero, ¿le has dicho que no?
—¡Le dije que sí! Intenté decirle que no, pero no me dejó —dijo, y estalló de nuevo en sollozos—. Debe sonar estúpido e impulsivo, mi única disculpa es que lo amo de verdad y no quiero perder la oportunidad de ser feliz.
—No pareces feliz.
—¡Lo soy! Nunca me he sentido así. Hugh hace que me sienta bien incluso cuando pensaba que era imposible que me sintiera mejor. Me hace reír y piensa que soy divertida. Me hace feliz, pero... —Se interrumpió para secarse de nuevo los ojos—. Quiero que tú también seas feliz.
—¿Yo?
—Los últimos meses has sido muy desgraciada, en especial desde lo que pasó en Oregón. Me siento fatal porque tú lo estás pasando tan mal y yo nunca he sido más feliz.
—Soy feliz —le aseguró a Mae, y se preguntó si sería verdad. Nunca se había
parado a pensar cómo se sentía ante las cosas que le pasaban. Si lo pensaba fríamente, en esos momentos la única palabra que acudía a su mente era conmoción. Pero ése no era el momento de examinar sus sentimientos y analizarlos—. Oye —le dijo esbozando una sonrisa, alargando los brazos hacia Mae y dando una palmadita en la mesa—. Por ahora nos vamos en concentrar en tu felicidad. Al parecer tenemos que organizar una boda.
Mae colocó las manos sobre las de _____.
—Sé que todo esto parece demasiado impulsivo, pero amo a Hugh de verdad —dijo, su cara se iluminaba cuando pronunciaba el nombre de él.
_____ observó los ojos de su amiga y dejó que el amor y la excitación que vio en ellos despejaran todas sus dudas por el momento.
—¿Ya habéis elegido un día?
—El diez de octubre.
—¡Pero si sólo faltan tres semanas!
—Lo sé, pero la temporada de hockey comienza el día cinco en Detroit, y Hugh no puede perderse el primer partido de la temporada. Después le toca ir a Nueva York y a San Luis antes de regresar aquí para jugar el día nueve contra Colorado, ya que jamás se pierde un partido contra Patrick Roy. Hemos estado mirando todas las fechas y al parecer las tres semanas siguientes serán bastante tranquilas. Así que Hugh y yo nos casaremos el diez, nos iremos una semana a Maui de luna de miel, yo regresaré a tiempo para el catering de la fiesta de los Bennet, y Hugh se irá a Toronto para jugar contra los Maple Leafs.
—Tres semanas —protestó _____—. ¿Cómo voy a poder organizar una buena boda en tan sólo tres semanas?
—No vas a hacerlo. Quiero que estés en la boda, no en la cocina. He decidido contratar a Anne Maclear para que se encargue de todo. Fue la que organizó el catering del banquete del Redmond y estará encantada de aceptar el trabajo en cuanto se entere. Sólo quiero dos cosas de ti. Que me ayudes a escoger un vestido de novia, sabes que soy un desastre con ese tipo de cosas. Es probable que elija algo horroroso y ni siquiera me entere.
_____ sonrió.
—Me encantará ayudarte.
—Tengo que pedirte otra cosa más. —_____ le apretó las manos con más fuerza—. Quiero que seas mi dama de honor. Pero Hugh le va a pedir a Tom que sea su padrino por lo que tendrás que estar con él.
Las lágrimas le pusieron a _____ un nudo en la garganta.
—No te preocupes por nosotros. Me encantará ser tu dama de honor.
—Hay un problema más y es el peor de todos.
—¿Qué puede haber peor que planear una boda en tres semanas y tener que estar con Tom?
—Virgil Duffy.
_____ se quedó paralizada.
—Le dije a Hugh que no podíamos invitarlo, pero Hugh no sabe cómo evitarlo. Piensa que si invitamos a sus compañeros del equipo y a los entrenadores e instructores, no podremos ignorar al dueño del equipo. Le sugerí que invitáramos sólo a los amigos íntimos, pero sus compañeros de equipo son sus mejores amigos. Así que no sabemos cómo hacer para invitar a unos sí y a otros no. —Mae se cubrió la cara con las manos—. No sabemos qué hacer.
—Por supuesto que invitareis a Virgil. —_____ tomó el control, mientras tenía la sensación de que su pasado regresaba para acosarla. Primero Tom y ahora Virgil.
Mae meneó la cabeza y dejó caer las manos.
—No puedo hacerte eso.
—Soy adulta. Y Virgil Duffy no me asusta —le dijo al tiempo que se preguntaba si realmente era cierto. Allí sentada en la cocina, no estaba asustada, pero no sabía cómo se sentiría cuando lo viera en la boda—. Invítale a él y a cualquier persona que desees. No te preocupes por mí.
—Le dije a Hugh que lo mejor sería irnos a Las Vegas y que nos casara uno de esos imitadores de Elvis. Eso solucionaría todos los problemas.
De ninguna manera, _____ no podía permitir que su mejor amiga acabara casándose en Las Vegas por culpa de los errores de su pasado.
—Ni se te ocurra pensarlo —le advirtió, alzando la nariz—. Ya sabes lo que opino acerca de la gente de mal gusto y que te case Elvis es de lo más vulgar. Y yo tendría que regalarte algo igual de mediocre. Algo que comprara por televenta, como el cortador de cristal con el que puedes hacer tus propios jarrones con botellas de Pepsi. Y lo siento, pero creo que si hago eso, después no me mirarás igual.
Mae se rió.
—Vale, nada de Elvis.
—Bien. Será una boda preciosa —predijo, y se levantó para ir a buscar su agenda.
Juntas se pusieron manos a la obra. Llamaron a los proveedores que Mae quería
contratar, luego subieron al coche de _____ y condujeron hasta Redmond.
A la semana siguiente, llamaron a la floristería y buscaron el vestido de novia. Entre Heron's, el programa de televisión, Lexie y la rapidez con la que se aproximaba la boda, _____ no tuvo tiempo para sí misma. El único momento del día en que podía sentarse y relajarse un poco eran las noches del lunes y del miércoles, cuando Tom se llevaba a Lexie y a Pongo a las clases de entrenamiento de mascotas. Pero, incluso entonces, no se podía relajar. No cuando Tom aparecía por su casa, alto, atractivo y oliendo como una tardía brisa de verano. Lo veía y ese estúpido corazón suyo comenzaba a palpitar y, cuando él se marchaba, le dolía el pecho. Se había vuelto a enamorar de él. Sólo que esta vez se sentía más infeliz que la anterior. Había estado firmemente convencida de que ya no se dedicaba a querer a los que no podían corresponder a su amor, pero al parecer no era así. Sin embargo, pese a que le había roto el corazón, lo más probable era que siempre amara a Tom, que se apropiaría de su amor y el de su hija y la dejaría sin nada. Mae se casaría y seguiría con su vida. _____ sintió que la dejaban atrás. Su vida era plena, pero a pesar de eso, los que más amaba tomaban caminos que ella no podía seguir.
En unos días, Lexie pasaría su primer fin de semana con Tom y conocería a Ernie Kaulitz Maxwell y a la madre de Tom, Simone. Su hija tendría la familia que _____ no le podía ofrecer. Una familia de la que ella no formaba parte y a la que nunca pertenecería. Tom podía ofrecer a Lexie todo lo que deseara o necesitara y _____ se sentía apartada y abandonada.
Diez días antes de la boda, _____ estaba sola, sentada en el despacho de Heron's, pensando en Lexie, Tom y en Mae y sintiéndose sola. Cuando Charles llamó y le sugirió que comiera con él en McCormick and Schmick's se alegró de poder escapar por unas horas. Era viernes, tenía mucho trabajo esa noche y necesitaba una cara amiga y una conversación agradable.

Mientras comían almejas y cangrejos, le contó a Charles todo sobre Mae y la boda.
—Se casará el jueves siguiente a éste —dijo mientras se limpiaba las manos en la servilleta de lino—. Con tan poco tiempo, han tenido suerte de encontrar una pequeña iglesia sin religión oficial en Kirkland y un salón de banquetes en Redmond para la recepción posterior. Lexie llevará las flores y yo soy la dama de honor. — _____ meneó la cabeza con el tenedor en la mano—. Aún no me he comprado el vestido. Doy gracias a Dios de que todo este lío acabe pronto y ya no tenga que preocuparme de nada parecido hasta que Lexie se case.
—¿No piensas casarte?
_____ se encogió de hombros y apartó la mirada. Cuando pensaba en casarse, se imaginaba siempre a Tom con el esmoquin que llevaba el día que le hicieron el reportaje para GQ.
—Lo cierto es que no he pensado en ello.
—Bueno, ¿y por qué no lo has pensado? -_____ volvió a mirar a Charles y sonrió.
—¿Me lo estás proponiendo?
—Lo haría si pensara que ibas a aceptar.
La sonrisa de _____ se esfumó de golpe.
—No te preocupes —dijo él, y depositó otra concha de almeja sobre el montón de su plato—. No tenía pensado avergonzarte proponiéndotelo ahora, y no pienso hacerlo mientras sepa que me vas a rechazar. Sé que no estás preparada.
Lo miró fijamente, a ese maravilloso hombre que tanto significaba para ella, pero al que no amaba como una mujer debería amar a su marido. Su cabeza quería amarle, pero su corazón ya amaba a otro.
—No rechaces la idea sin más. Simplemente piénsalo —dijo él, y ella lo hizo. Pensó cómo se resolverían algunos de sus problemas casándose con Charles.
Podía proporcionarle una vida confortable para ella y para Lexie y podrían formar una familia. Puede que no lo amara como debiera, pero quizá con el tiempo lo hiciera. Quizá su cabeza pudiera convencer a su corazón.


..*..

Tom arrojó la camiseta sobre el montón de calcetines y deportivas que había en el suelo del baño. Vestido sólo con unos pantalones de deporte, se cubrió la parte inferior de la cara con crema de afeitar. Mientras buscaba la maquinilla de afeitar, miró al espejo y sonrió.
—Si quieres, puedes entrar y hablar conmigo —le dijo a Lexie que se había detenido a sus espaldas para mirar a hurtadillas dentro del baño.
—¿Qué haces?
—Me estoy afeitando —colocó la cuchilla en la mejilla izquierda y la deslizó hacia abajo.
—Mamá se depila las piernas y la axilas —comentó mientras se acercaba a él. Llevaba un camisón de rayas rosas y blancas y tenía el cabello despeinado por la noche de sueño. La noche anterior había sido la primera vez que se quedaba con él, y después de que él matara la araña de su cama, todo había ido sobre ruedas. Tras aplastar al insecto con un libro, ella lo miró como si pudiera caminar sobre las aguas—. Supongo que tendré que depilarme cuando esté en séptimo —continuó—. Probablemente entonces ya tenga pelos. —Le miró con atención a través del espejo—.¿Crees que Pongo será peludo?
Tom enjuagó la maquinilla y negó con la cabeza.
—No, nunca tendrá demasiado pelo.
Al recoger a Lexie la noche anterior, el pobre perrito llevaba un nuevo jersey rojo con joyas de imitación cosidas por todas partes y una gorra a juego. Cuando entró en la casa, el perro le miró y corrió hacia otra habitación para esconderse. _____ supuso que le asustaba la altura de Tom, pero Tom imaginó que el pobre Pongo no quería que otro espécimen del género masculino le viera con esa pinta de marica.
—¿Cómo te hiciste esa gran pupa en la ceja?
—¿Esta cosita? —se señaló una vieja cicatriz—. Cuando tenía unos diecinueve años, un chico me lanzó el disco a la cabeza y no me agaché a tiempo.
—¿Te dolió?
«Como un condenado».
—No. —Tom levantó la barbilla y se afeitó debajo de la mandíbula. Por el rabillo del ojo vio que Lexie lo observaba—. Quizá deberías ir vistiéndote. Tu abuela y tu bisabuelo Ernie estarán aquí en media hora.
—¿Me puedes peinar? —ella levantó la mano y le mostró un cepillo.
—No sé si sabré peinar a una niña.
—Puedes hacerme una coleta. Es muy fácil. O quizá dos coletas. Tienes que asegurarte de que están muy altas; no me gusta llevarlas tan bajas.
—Lo intentaré —dijo, limpiando la crema de afeitar y los restos de vello de la cuchilla, y a continuación empezar a afeitarse la otra mejilla—. Pero si pareces una niña salvaje no me eches la culpa.
Lexie se rió y apoyó la cabeza contra él. Sintió el fino pelo de Lexie contra la piel de su costado.
—Si mamá se casa con Charles, ¿yo seguiría apellidándome Kaulitz como tú?- La cuchilla de afeitar se detuvo bruscamente en la comisura de la boca de Tom.
Deslizó la mirada por el espejo hasta la cara levantada de Lexie. Con lentitud bajó la
maquinilla de su cara y la metió bajo el agua caliente.
—¿Tu madre piensa casarse con Charles? -Lexie se encogió de hombros.
—Quizá. Se lo está pensando.
Tom no había pensado en serio que _____ pudiera casarse con alguien. Pero ahora, al pensar en que otro hombre la tocara, sintió como si lo golpearan en el estómago. Terminó de afeitarse y cerró el grifo.
—¿Te lo ha dicho ella?
—Sí, pero como tú eres mi papá le dije que debía casarse contigo.
Él cogió una toalla y se limpió la crema que le había quedado debajo de la oreja izquierda
—¿Y ella qué dijo?
—Se rió y dijo que eso era algo que no iba a pasar, pero puedes pedírselo, ¿verdad?
«¿Casarse con _____?» No podía casarse con _____. Aunque se habían llevado bastante bien después del incidente de Pongo, ni siquiera estaba seguro de gustarle.
Era lo suficientemente sincero consigo mismo para admitir que ella le gustaba. Quizá demasiado. Todas las veces que había ido a recoger a Lexie la había imaginado sin ropa, pero la lujuria no era suficiente para comprometerse durante toda la vida. La respetaba, pero el respeto tampoco era suficiente. Amaba a Lexie y quería darle todo lo que necesitara para ser feliz, pero años atrás había aprendido que uno no debía casarse sólo porque hubiera un niño de por medio.
—¿No podrías preguntarle? Entonces podríamos tené un bebé.
Ella lo miró con la misma mirada de súplica que había utilizado para conseguir que le comprara la mascota, pero esta vez no iba a ceder. Si alguna vez se casaba de nuevo, lo haría porque vivir sin esa mujer sería un infierno.
—No creo que yo le guste a tu madre —dijo, arrojando la toalla a la cesta de la ropa sucia que había junto al lavabo—. ¿Cómo te hago la coleta?
Lexie le dio el cepillo.
—Primero desenreda los nudos.
Tom se apoyó sobre una rodilla y deslizó el cepillo con cuidado por el pelo de Lexie.
—¿Te hago daño?
Ella negó con la cabeza.
—A mamá sí que le gustas.
—¿Te lo ha dicho ella?
—Además piensa que eres muy guapo y agradable. –Tom se rió entre dientes.
—Sé que ella no te ha dicho eso. -Lexie se encogió de hombros.
—Si la besas, pensará que eres muy guapo. Después podréis tené un bebé.
Aunque la idea de besar a _____ había sido una condenada tentación para él, dudaba de que un solo beso pudiera ejercer tanta magia como para resolver todos sus problemas. Ni siquiera quería pensar en lo de hacer un bebé.
Giró a Lexie un poco y le desenredó los nudos del lado izquierdo.
—Parece que tienes comida pegada en el pelo —dijo, procurando no tirar con demasiada fuerza.
—Puede que sea pizza —le dijo Lexie sin preocuparse por el asunto, después permanecieron en silencio mientras Tom peinaba los finos mechones, pensando que no estaba haciéndolo bien. Lexie permaneció quieta y Tom se sintió aliviado al ver que se había agotado el tema de _____, los besos y los bebés.
—Si la besas, le gustarás más que Charles —susurró Lexie.

Tom apartó las cortinas y miró la noche de Detroit. Desde su habitación en el Hotel Omni, podía ver el río que se deslizaba suavemente como una marea negra. Se sentía inquieto y con los nervios a flor de piel, pero eso no era nada nuevo. Era normal que le llevara varias horas relajarse después de un partido, en especial si era contra los Red Wings. El año anterior, el equipo de Motown sólo había vencido a los Chinooks, en los play-offs por un gol de diferencia que marcó Sergei Fedorov. Ese año los Chinooks habían comenzado la temporada ganando por 4-2 a su rival. La victoria había sido una agradable forma de comenzar la liga.
La mayor parte del equipo estaba en la cafetería del hotel celebrándolo. Pero no Tom. Y aunque no podía dormir, tampoco quería estar rodeado de gente. No quería Comer cacahuetes, mantener conversaciones superfluas ni quitarse de encima a las groupies.
Algo iba mal. Pero salvo el pase a ciegas que le había enviado a Fetisov, Tom había jugado como en los libros de hockey. Lo había hecho tal y como le gustaba: con velocidad, fuerza y habilidad mientras llevaba su cuerpo al límite. Había hecho lo que más le gustaba. Lo que siempre le había gustado.
Pero le pasaba algo. No se sentía satisfecho. «Puedes tener tu carrera con los Chinooks, o puedes tener a _____. Pero no puedes tener las dos cosas».

Tom dejó caer la cortina en su sitio y echó un vistazo al reloj. Era medianoche en Detroit. Las nueve en Seattle. Se acercó a la mesilla, descolgó el teléfono y marcó.
—Hola —respondió ella al tercer timbrazo, revolviendo algo en lo más profundo de las entrañas de Tom.
«Si la besas, pensará que eres muy guapo. Después podréis tené un bebé». Tom cerró los ojos.
—Hola, _____.
—¿Tom?
—Sí.
—¿Dónde estás? ¿Qué haces? Justo ahora te estaba viendo en la tele. -Abrió los ojos y miró las cortinas cerradas.
—En la costa oeste emiten el partido en diferido.
—Ah. ¿Ganasteis?
—Sí.
—Lexie se alegrará de oírlo. Está viéndote en el salón.
—¿Y qué opina?
—Bueno, creo que le estaba gustando hasta que ese grandote de rojo te derribó. Después se quedó algo trastornada. El grandote de rojo era un jugador de Detroit.
—¿Ahora ya está bien?
—Sí. Cuando vio que volvías a patinar, se le pasó. Creo que le gusta verte jugar. Debe de ser algo genético.
Tom le echó una ojeada a las hojas que había junto al teléfono.
—¿Y qué tal tú? —preguntó él, y se preguntó por qué la respuesta de ella era tan importante para él.
—Bueno, casi nunca veo los deportes. No se lo digas a nadie, porque como sabes, soy de Texas —dijo en un susurro—. Pero me gusta más ver hockey que fútbol americano.
La voz de ella le hacía pensar en oscuras pasiones, reflejos en la ventana y sexo caliente. «Si la besas, le gustarás más que Charles». Pensar en ella besando a ese hombre le hizo sentir como si le estallara el pecho.
—Tengo entradas para Lexie y para ti para el partido del viernes. Me gustaría mucho que vinierais.
—¿El viernes? ¿El día después de la boda?
—¿No puedes? ¿Tienes que trabajar?
Ella se mantuvo en silencio un largo rato antes de responder:
—No, podemos ir.
Él le sonrió al teléfono.
—El lenguaje puede ser un poco soez a veces.
—Me parece que a estas alturas ya estamos acostumbradas —dijo ella, y él pudo notar la risa en su voz—. Lexie está a mi lado. Te la paso.
—Espera..., otra cosa...
—¿Qué?
«Espera hasta que llegue a casa antes de decidir casarte con ese Hombre. Es un calzonazos y un gilipollas, y te mereces a alguien mejor». Se dejó caer sobre la cama. No tenía derecho a pedirle nada.
—Da igual. Estoy muy cansado.
—¿Necesitas algo?
Él cerró los ojos y suspiró profundamente.
—No, ponme con Lexie.

Capítulo 47
Lexie recorría el pasillo de la iglesia como si hubiera nacido para ser la pequeña dama de honor. Los rizos le rebotaban en los hombros y los pétalos rosas volaban de su pequeña mano enguantada hacia la alfombra de la pequeña iglesia. _____ aguardaba a la izquierda del pastor resistiéndose al deseo de tirar del dobladillo del vestido de crepé de seda rosa que le quedaba unos centímetros por encima de las rodillas. Tenía la mirada puesta en su hija mientras Lexie recorría el pasillo vestida con encaje blanco, resplandeciendo como si ella fuera la verdadera razón de que toda aquella gente se hubiera reunido en la iglesia. _____ no podía imaginarla más radiante. Se sentía muy orgullosa de su pequeña cuentista.
Cuando Lexie llegó al lado de su madre, se giró y sonrió al hombre que permanecía de pie al otro lado del pasillo con un traje azul marino de Hugo Boss. Levantó tres dedos de su cesta y los meneó. Tom curvó los labios y agitó dos dedos como respuesta.
Comenzó a sonar la marcha nupcial y todos los ojos se volvieron hacia la puerta. Mae estaba preciosa con una corona de flores rosas rodeando el corto cabello rubio y un velo de organza blanco que _____ le había ayudado a elegir. El vestido era sencillo y resaltaba la figura de Mae en lugar de ocultarla bajo capas de raso y tul. El corte al bies disimulaba su baja estatura y la hacía parecer más alta.
Sin acompañante, Mae anduvo por el pasillo con la cabeza erguida. No había invitado a su familia, aunque los bancos del lado de la novia estaban a rebosar con sus amigos. _____ la había intentado persuadir de que invitara a sus padres, pero Mae era demasiado testaruda. Sus padres no habían asistido al entierro de Ray y ella no quería que fueran a su boda. No quería que le estropearan el día más feliz de su vida.
Mientras todos los ojos estaban puestos en la novia, _____ aprovechó para estudiar al novio. Con un esmoquin negro, Hugh, estaba muy apuesto, sin embargo ella no estaba interesada ni en su aspecto ni en el corte de su ropa. Quería observar su reacción al ver a Mae, y lo que vio alivió muchas de sus preocupaciones sobre la inesperada boda. Se lo veía tan feliz que _____ casi esperaba que abriera los brazos para que Mae pudiera perderse en ellos. Toda su cara sonreía y sus ojos brillaban como si le hubiera tocado la lotería. Parecía un hombre locamente enamorado. No era de extrañar que Mae hubiera tardado tan poco tiempo en caer.
Cuando Mae pasó por su lado sonrió a _____, luego se colocó al lado de Hugh.
—Queridos hermanos...
_____ se miró los dedos de los pies que asomaban en las sandalias de piel. «Locamente enamorado», pensó. La noche anterior, le había dicho a Charles que no podría casarse con él. No podía casarse con un hombre al que no amara con locura. Atravesó el pasillo con la mirada hasta los mocasines negros de Tom. A lo largo de su vida, lo había visto mirarla varias veces con la lujuria asomando a esos ojos marrones. De hecho, los últimos días que había venido a recoger a Lexie ya había visto esa mirada de «quiero-saltar-sobre-ti». Pero sentir lujuria no era estar enamorado. La lujuria se desvanecía a la mañana siguiente, especialmente con Tom. Subió la mirada por sus largas piernas, por la chaqueta cruzada y por la corbata granate y azul marino. Luego escrutó su cara y los ojos marrones que le devolvían la mirada.
Él sonrió. Sólo fue una sonrisita agradable que, sin embargo, hizo resonar campanas de alarma en su cabeza. Luego _____ centró la atención en la ceremonia. Tom quería algo.
Las mujeres sentadas en los bancos delanteros de la iglesia comenzaron a llorar y _____ las observó. Incluso aunque no se las hubieran presentado un momento antes de la boda habría sabido que eran familiares de Hugh. Toda su familia se parecía, desde su madre y sus tres hermanas, a sus ocho sobrinas y sobrinos.
Lloraron durante todo lo que duró la corta ceremonia y cuando terminó, siguieron llorando mientras sonaba la marcha nupcial. _____ y Lexie recorrieron el largo pasillo al lado de Tom hasta salir por la puerta. En varias ocasiones, la manga de su chaqueta azul marino le rozó el brazo. En el pasillo, la madre de Hugh apartaba a codazos a su hijo para acercarse a la
novia.
—Eres como una muñeca —declaró la madre mientras abrazaba a Mae y le presentaba a las hermanas.
_____, Tom y Lexie se mantuvieron apartados mientras los amigos y la familia de Hugh se dirigían hacia la pareja para felicitarlos.
—Ten. —Lexie le tendió a _____ la canasta de pétalos rosas y suspiró—. Estoy cansada.
—Creo que ya podemos marcharnos para la recepción —dijo Tom, moviéndose para colocarse detrás de _____—. ¿Por qué no venís en mi coche?

_____ se giró y levantó la vista hacia él. Estaba muy apuesto vestido de padrino, el único defecto era la rosa roja de la solapa; la llevaba inclinada hacia un lado. Había puesto el alfiler en el tallo en vez de en el cuerpo de la flor.
—No podemos irnos hasta que Wendell saque las fotos.
—¿Quién?
—Wendell. Es el fotógrafo que ha contratado Mae, y no podemos marcharnos hasta que haga las fotos de la boda.
La sonrisa de Tom se transformó en una mueca de disgusto.
—¿Estás segura?
_____ asintió con la cabeza y le señaló el tórax.
—Esa rosa está a punto de caerse.

Él bajó la vista y se encogió de hombros.
—No sé cómo ponerla. ¿Puedes hacerlo tú?
Sin hacer caso de su buen juicio, _____ metió los dedos bajo la solapa de su traje azul marino. Mientras Tom inclinaba la cabeza hacia ella, sacó el alfiler. Estaban tan cerca que podía sentir su aliento en la sien derecha. El olor de su colonia invadió sus sentidos, si ella giraba la cara, sus bocas se tocarían. Presionó el alfiler para que atravesara la lana y la rosa roja.
—No te vayas a pinchar.
—No. Lo hago cada dos por tres. —Le pasó la mano por la solapa, alisando las arrugas invisibles y sintiendo la textura de la cara lana bajo las yemas de los dedos.
—¿Sueles poner alfileres en los ojales de los hombres?
Ella meneó la cabeza y le rozó con la sien la suave mandíbula.
—No, se los pongo a Mae, y también a mí misma. En el trabajo. -Posó la mano en su brazo desnudo.
—¿Estás segura de que no quieres que os lleve a la recepción? Virgil va a estar allí, supuse que no querrías llegar sola.
Con el caos que rodeaba la boda, _____ había logrado no pensar en su antiguo novio. Ahora, al pensar en él, se le hizo un nudo en el estómago.
—¿Le has dicho algo sobre Lexie?
—Ya lo sabe.
—¿Cómo se lo tomó? —Ella deslizó los dedos sobre una invisible arruga más, luego dejó caer la mano.
Tom encogió sus grandes hombros.
—No pareció darle importancia. Ya han pasado siete años, habrá pasado página.
_____ se relajó.
—Entonces iré a la recepción en mi coche, pero gracias por el ofrecimiento.
—De nada. —Tom le deslizó su cálida mano hasta el hombro, luego se la bajó hasta la muñeca. A _____ se le puso la piel de gallina—. ¿Estás segura de que van a sacar fotos?
—¿Por qué?
—Odio que me saquen fotos.
Él lo estaba haciendo otra vez. Estaba robándole todo el espacio y anulando su capacidad para pensar. Tocarle era a la vez una tortura y un placer.
—Creí que ya estarías acostumbrado a estas alturas.
—No es por las fotos, es por la espera. No soy un hombre paciente. Cuando quiero algo, no espero, voy a por ello.
_____ tuvo el presentimiento de que ya no hablaba de las fotos. Unos minutos más tarde cuando el fotógrafo los situó en las escaleras de la entrada, se vio forzada a volver a sufrir la experiencia del placer y la tortura otra vez. Wendell situó a las mujeres delante de los hombres, y Lexie se ubicó cerca de Mae.
—Quiero ver sonrisitas felices —pidió el fotógrafo. Su voz amanerada sugería que mantenía una estrecha relación con su lado femenino. Cuando miró a través de la cámara que estaba sobre el trípode, les indicó con las manos que se juntaran más—Vamos, quiero ver sonrisitas felices en esas caritas felices.
—¿Está relacionado con ese artista de PSB? —le preguntó Tom a Hugh entre dientes.
—¿El pintor dandy de influencia africana?
—Sí. Solía pintar nubecitas felices y mierda de ésa.
—¡Papá! —susurró Lexie con fuerza—. No digas palabrotas.
—Lo siento.
—¿Podéis decir todos «noche de bodas»? —preguntó Wendell.
—¡Noche de bodas! — gritó Lexie.
—La pequeña dama lo hace bien. ¿Qué pasa con los demás? —_____ miró a Mae y comenzaron a reírse—. Quiero ver fe-fe-felicidad.
—Joder, ¿de dónde sacaste a ese hombre? —quiso saber Hugh.
—Lo conozco desde hace años. Era un buen amigo de Ray.
—Ahh, eso lo explica todo.
Tom puso la mano en la cintura de _____, y la risa de ésta se interrumpió bruscamente. Le deslizó la palma de la mano por el estómago y la apretó contra la sólida pared de su pecho. Su voz resonó como un trueno en el oído de _____ cuando dijo:
—Di «patata».
_____ se quedó sin aliento.
—Patata —dijo débilmente y el fotógrafo sacó la foto.
—Ahora la familia del novio —anunció Wendell mientras ponía otro carrete.
Los músculos del brazo de Tom se tensaron. Cerró los dedos posesivamente y el dobladillo del vestido se subió un poco por los muslos de _____. Luego él relajó la mano y dio un paso atrás, dejando unos centímetros entre sus cuerpos. _____ le miró, y de nuevo él le dirigió esa sonrisita agradable.
—Oye, Hugh —dijo Tom, centrándose en su amigo como si no acabara de sujetar a _____ con fuerza contra su pecho.—¿Qué supiste de Chebos cuando estuvimos en Chicago?
_____ se dijo a sí misma que no debería interpretar nada de ese abrazo. Debería ser lo suficientemente lista como para no buscar motivos o atribuirle sentimientos que no existían. No debería caer bajo el influjo de sus posesivos abrazos o sus agradables sonrisas. Era mejor olvidarse de todo eso. No significaba nada, no conducían a ninguna parte. No estaba tan loca como para esperar algo de él.
Una hora más tarde, mientras estaba en el salón del banquete al lado de la mesa del buffet repleto de comida y flores, seguía intentando olvidarse. Trataba de no buscarle con la mirada a cada rato e intentaba no verlo en medio de un grupo de hombres que obviamente eran jugadores de hockey o riéndose con alguna rubia tonta de piernas largas. Trató de olvidarse, pero no pudo. Igual que no podía olvidarse de que Virgil andaba por allí en algún sitio.
_____ depositó una fresa con chocolate en el plato que estaba preparando para Lexie. Añadió para ella un muslito de pollo y dos trozos de brócoli.
—Quiero tarta y también algo de eso. —Lexie apuntó hacia un tazón de cristal lleno de caramelos.
—Ya tomaste tarta justo después de que Mae y Hugh la cortaran. —_____ puso algunos caramelos en el plato junto con una zanahoria y le dio el plato a Lexie. Luego escudriñó rápidamente la multitud.
Le dio un vuelco el estómago. Por primera vez en siete años, vio a Virgil Duffy en persona.
—Quédate con la tía Mae —dijo, cogiendo a su hija por los hombros para girarla—. Vendré a buscarte dentro de un momento. —Empujó a Lexie ligeramente y la observó caminar hacia los novios. _____ no podía pasarse la tarde preguntándose si Virgil la saludaría e imaginando lo que él podía decirle. Tenía que salir a su encuentro antes de perder el valor. Tomó aliento y decidida fue a enfrentarse con el pasado. Se abrió paso entre los invitados hasta detenerse delante de él.
—Hola, Virgil —le dijo y observó cómo se le endurecían las facciones.
—Vaya _____, al parecer tienes el descaro de venir a saludarme. Me preguntaba si lo harías. —El tono de su voz no era el de alguien que había pasado página como Tom había insinuado en la iglesia.
—Han pasado siete años y he seguido adelante con mi vida.
—Fue fácil para ti. Para mí no lo fue tanto.
Físicamente no había cambiado demasiado. Quizá tenía menos pelo y los ojos apagados por la edad.
—Creo que ambos deberíamos olvidar el pasado.
—¿Por qué debería hacerlo?
Ella miró un momento, más allá de los rasgos de su cara, al hombre amargado que había debajo.
—Siento lo que sucedió y el dolor que te causé. Traté de decirte la noche antes de la boda que tenía dudas, pero no me quisiste escuchar. No te estoy culpando, sólo te explico cómo me sentía. Era joven e inmadura y lo siento mucho. Espero que puedas aceptar mis disculpas.
—Cuando se congele el infierno.
A ella le sorprendió descubrir que su cólera no le importaba. Le daba igual que él aceptara o no sus disculpas. Se había enfrentado al pasado y se sentía libre de la culpa que la había acompañado durante años. Ya no era ni joven ni inmadura. Y ya no estaba asustada.
—Siento mucho oírte decir eso, pero de todos modos el que aceptes o no mis disculpas no me importa. Mi vida está llena de personas que me aman y soy feliz. Tu cólera y tu hostilidad no pueden lastimarme.
—Todavía eres tan ingenua como hace siete años —le dijo mientras una mujer se acercaba a Virgil y le colocaba la mano en el hombro. _____ reconoció inmediatamente a Caroline Foster Duffy por reportajes publicados en periódicos locales—. Tom nunca se casará contigo. Nunca te elegirá a ti por encima del equipo—añadió; luego se giró para marcharse con su esposa.


_____ lo siguió con la mirada desconcertada por sus palabras de despedida. Se preguntó si habría amenazado a Tom de algún modo y, si lo había hecho, por qué Tom no le había contado nada. Sacudió la cabeza sin saber qué pensar. Nunca, ni en sus sueños más descabellados, había pensado que Tom se casaría con ella o que la elegiría sobre cualquier cosa.
«Bueno», se volvió para dirigirse hacia Lexie que estaba junto a los novios rodeada por algunos invitados a la boda. Tal vez en sus sueños más descabellados imaginaba a Tom proponiéndole algo más que una noche de sexo salvaje, pero sabía que ésa no era la realidad. Si bien ella le amaba y él algunas veces la miraba con un hambriento deseo asomándole a los ojos, sabía que eso no quería decir que él la amara. No significaba que la quisiera para algo más que un revolcón en la cama. No quería decir que no la abandonaría por la mañana, dejándola vacía y sola otra vez. _____ pasó por delante del escenario donde tocaría la banda, pensando en Virgil. Se había enfrentado a él y se había librado de la carga del pasado; se sentía bien.
—¿Cómo va todo? —preguntó, acercándose a Mae.
—Genial. —Mae la miró a los ojos y sonrió, estaba muy guapa y parecía feliz—. Al principio estaba un poco nerviosa por lo de estar en la misma habitación con treinta jugadores de hockey. Pero ahora que he conocido a la mayor parte de ellos, he visto que son gente agradable, casi humanos. Menos mal que Ray no está aquí. Estaría en la gloria rodeado de todos estos músculos y estos culos prietos.
_____ se rió entre dientes y cogió una fresa del plato de Lexie. Recorrió la habitación con la mirada buscando a Tom y lo pilló mirándola por encima de las cabezas de la gente. Mordió la fruta y apartó la mirada.
—Oye —Lexie la miró enfadada—. La próxima vez te comes las cosas verdes que has puesto en el plato.
—¿Has conocido a los amigos de Hugh? —Mae se agarró al codo de su flamante marido.
—Todavía no —contestó ella, y se metió el resto de la fresa en la boca.
Hugh las presentó a dos hombres con trajes de lana y corbatas de seda. El primero, llamado Mark Butcher, lucía un espectacular ojo morado.
—Y supongo que te acordarás de Dmitri —dijo Hugh después de haberla presentado—. Estaba en la casa flotante de Tom cuando fuiste hace algunos meses.
_____ miró al hombre de pelo castaño claro y ojos azules. No lo recordaba.
—Ya decía yo que me sonabas —mintió.
—Te recuerdo —dijo Dmitri, tenía un acento cerrado—. Llevabas puesto algo rojo.
—¿En serio? —_____ se sintió halagada de que él recordara el color de su vestido—. Me sorprende que te acuerdes.
Dmitri sonrió y le aparecieron arruguitas alrededor de los ojos.
—Claro que te recuerdo. Ahora ya no llevo cadenas de oro.- _____ miró a Mae que se encogió de hombros y volvió a mirar a Hugh que sonreía abiertamente.
—Es cierto. Tuve que explicarle a Dmitri que a las mujeres americanas no les gustan los hombres con cadenas.
—Ah, no sé qué decirte —disintió Mae—. Conozco a varios hombres que llevan collares de perlas con pendientes a juego.
Hugh atrajo a Mae a su lado y le besó la coronilla.
—Yo no hablo de drag-queens, cariño.
—¿Es tu hija? —le preguntó Mark a _____.
—Sí, lo es.
—¿Qué te pasó en el ojo? —Lexie le dio a _____ el plato, y señaló a Mark con la última fresa.
—Uno de los jugadores de los Avalanche lo acorraló en una esquina y le dio un buen golpe —contestó Tom desde detrás de _____. Tomó a Lexie en brazos y la levantó contra su pecho—. No te preocupes, se lo merecía.
_____ miró a Tom. Quería preguntarle sobre las palabras de Virgil, pero tendría que esperar a que estuvieran a solas.
—Tal vez no debería haber hecho caer a Ricci con el stick —añadió Hugh. Mark se encogió de hombros.
—Ricci me rompió la muñeca el año pasado —dijo, y la conversación giró en torno a quién había sufrido peores lesiones. Al principio _____ se sintió apabullada por la lista de huesos rotos, músculos desgarrados y número de puntos. Pero cuanto más escuchaba más morbosa y fascinante encontraba la conversación. Comenzó a preguntarse cuántos de los hombres del salón tendrían la dentadura completa. Por lo que estaba oyendo, no muchos.
Lexie agarró la cabeza de Tom entre sus manos para girarle la cara hacia ella.
—¿Te lastimaron anoche, papá?
—¿A mí? De eso nada.
—¿Papá? —Dmitri miró a Lexie—. ¿Es tu hija?
—Sí. —Tom miró a sus compañeros de equipo.
—Esta mocosa es mi hija, Lexie Kaulitz.
_____ esperaba que dijera que no había sabido de Lexie hasta hacía poco, pero no lo hizo. No ofreció ninguna explicación sobre la repentina aparición de una hija en su vida. Simplemente la sostenía entre sus brazos como si siempre hubiera estado allí.
Dmitri repasó a _____ con la mirada y luego miró a Tom para levantar una ceja inquisitivamente.
—Sí —dijo Tom, haciendo que _____ se preguntase qué se habían comunicado los dos hombres sin palabras.
—¿Cuántos años tienes, Lexie? —preguntó Mark.
—Seis. Ya fue mi cumple y ahora estoy en primer grado. Ahora teno un perro que me compró mi papá. Se llama Pongo, pero no es muy grande. Ni tene mucho pelo. Se le enfrían mucho las orejas, por eso le hice un gorro.
—De color púrpura —le dijo Mae a Tom.

6 comentarios:

  1. Aww lexie es tan linda me encanta jajajaja y yo quiero q se casen. U.u. que Tom le pida matrimonioooo please c: no quiero que termine u.u sube mañanaaa virgiii. Bye cuidateeeee

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  3. Me encantaa Lexieee es una parlanchinaa!
    Tom vamos no puedes permitir q otro se case con ella.

    Siguelaaa :D

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  4. Ojala Tom tenga la valentía de decirle a (Tn) lo que siente de verdad x ella, Lexie tan linda cada día se parece mas a su papa jeje hay (Tn) se enamora cada vez mas de Tom, me encanto virgi espero los próximos caps!!!

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